31 diciembre, 2013

La mejor aplicación

En cierta medida, los cuentos populares funcionan como una lingua franca universal, ajenos a los problemas entre las gentes, los idiomas y sus territorios. Por eso, y según muchas investigaciones, los niños, ya desde los cuatro años de edad, cuando los cuentos están bien organizados y estructurados son capaces de:

  • recordar el orden exacto de los acontecimientos;
  • inferir las intenciones y los estados de ánimo de los personajes;
  • diferenciar las causas de las consecuencias;
  • detectar las inconsistencias en la información.

Los cuentos están basados en la realidad, en el sentido de que hablan de personajes reconocibles que asumen comportamientos también conocidos. Su empleo en el aprendizaje de la lectura y la escritura no equivale a un abandono de la verdad, sino a su búsqueda a través de los mundos creados por la imaginación y la narrativa.

No hay ninguna aplicación con la capacidad de jugar con el lenguaje tal y como lo hace una buena historia:

Alguien habla con la Luna o pide un deseo a una estrella fugaz. Puede que la esperanza perdida sea recuperada en un bosque encantado. O a lo mejor un beso transforma en príncipe a una rana verde. Y aparece un hada madrina que convierte una calabaza en una increíble carroza. También hay recuerdos y lágrimas, y la inspiración de los mundos maravillosos se levanta, victoriosa, como un ave fénix. Y renace de sus cenizas. Por eso, es necesario explorar la puerta de los cuentos, que también es la puerta de los sueños. Debemos escuchar su canción, y bailar, y bailar como un derviche. Así, para que la imaginación llegue, hay que abrir esa puerta…

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